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No sé si os habréis dado cuenta. Puede que esté siendo un cambio muy sutil para algunos, en especial  para aquellos que dejaron la magia y la fantasía olvidadas en algún lugar perdido y recóndito de sus corazones (sí, esta va a ser una entrada cursi, avisados quedáis), pero algo está pasando. Ante el clima de pesimismo imperante en este momento que nos toca vivir, se está abriendo una puertecita a lo que una vez fuimos, a aquello en lo que una vez creímos, como si, reencontrando aquello que nos hacía felices, pudiéramos salir adelante como aquello que realmente somos.

Supongo que a estas alturas no tenéis ni idea de a qué me estoy refiriendo. Es normal. Una pista: Once upon a time… Sí, señores. Los cuentos vuelven. Y con más fuerza que nunca. Y no van dirigidos a los más pequeños (a ellos no les hacen falta), sino a los que, unos más que otros, los vivimos y creímos en ellos hace ya mucho tiempo. Vuelve la nostalgia como un rayo de esperanza para encontrar nuestro camino. Que no todo está perdido. Que siempre nos quedará Disney…

Al menos esa es la explicación que le doy a que en unos pocos meses vayamos a tener:  una serie (Once upon a time…) sobre un mundo  donde el tiempo está parado, en el cual nuestros personajes favoritos no recuerdan quiénes son, y que  como no podía ser de otra manera, ha sido engendrado por obra y gracia de la malvada madrastra de Blancanieves, que como todos sabemos no le tenía mucho cariño precisamente; una peli (Snow White & The Huntersman) en la que nos muestran a la crepuscular Kirsten Stewart cual Aragornesca Blancanieves luchando por tirar un anillo al monte del destino… ay no, que no era eso… luchando contra la supermadrastra (que por una vez resulta ser infinitamente más bella que ella misma, con lo que la historia pierde todo el sentido que pudiera quedarle) y haciendo vete tú a saber qué con el cazador ¿y los enanitos qué piensan de todo esto?; y, por si fuera poco, ooooootra película (Mirror, mirror) que va sobre… Blancanieves, sí, sobre ella y su querida madrastra, de hecho, en este caso la protagonista será la más malvada de las malvadas, peeeeeero con un toque alocado, sarcástico y divertido gracias a mi querida y nunca bien ponderada Julia (Roberts, of course).


Aquí os dejo el trailer de Mirror, mirror. Sencillamente desternillante

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¿Será una sucesión de múltiples casualidades las que han llevado a que este año vaya a haber  tres superproducciones basadas en el personaje que los hermanísimos Grimm (que también cuentan con una grimosa serie llamada Grimm actualmente) crearan o adaptaran (que ellos eran muy de copiar…)  hace ya doscientos años? Lo dudo mucho. Reconozcámoslo. Nos gustan los cuentos. Nos encanta Disney. Nos gustan los finales felices y queremos creer que existen y que algún día nos tocará a nosotros; así que cuando en la realidad no hacemos más que ver brujas y seres malvados (crisis, deudas, y demás…), recurrimos al imaginario de nuestra infancia; ese lugar donde sabíamos que todo acabaría bien a pesar de que madrastras y hermanastras envidiosas, lobos, pulpas (mi adorada y sufrida Úrsula no podía faltar en la lista de los malvados más malvados), y demás personificaciones del mal hicieran todo lo posible porque no fuera así.

Y como todo cuento que se precie tiene que tener su moraleja, os digo: nuestro final feliz existe, está ahí, en algún lugar, por muy oscuro y lejano que lo veamos, solo tenemos que, por los hielos de Walt Disney,  no dejar nunca de buscarlo.

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Hola amigos. Hoy me desperté filosófica, y luego dormité, y vi la tele, y entre sueño y sueño se me vino a la cabeza la pregunta: ¿qué es un amigo?,  ¿quiénes lo son?,  ¿por qué?,  ¿son los que están? o ¿están los que son? Y no os creáis que he llegado a ninguna conclusión. Por ese motivo me he decidido a escribir al respecto. Veamos adónde me conduce el estado de somnolencia absoluto en el que me encuentro hoy (¿por qué tienen que cambiar la hora y sumirnos en la oscuridad del invierno de golpe y sin anestesia? – Nota mental. Escribir sobre ello en próximas entradas-).

¿Qué es un amigo? Busquemos en el diccionario de la R.A.E. (ese gran libro, ahora convertido en buscador al alcance de todos,  del que cada día nos acordamos menos):

1. adj. Que tiene amistad. U. t. c. s. U. como tratamiento afectuoso, aunque no haya verdadera amistad.

2. adj. amistoso (‖ perteneciente a la amistad).

3. adj. Que gusta mucho de algo.

4. adj. poét. Dicho de un objeto material: Benéfico, benigno, grato.

¶ MORF. sup. irreg. amicísimo.

5. m. y f. Persona amancebada.

6. m. Ingen. En las minas, palo que se coloca atravesado en la punta del tiro o cintero para que, montándose los operarios, bajen y suban por los pozos.

7. f. Méx. Escuela de niñas.

8. f. p. us. Maestra de escuela de niñas.

¡Guau! Puede que éste sea el motivo por el que cada vez más gente se olvida de consultarlo. ¿Soy yo o en ocasiones es complicado de entender y te pierdes entre las múltiples acepciones? Bueno, a lo que iba. Aceptemos la primera acepción como aquella que estábamos buscando y analicémosla:

  • Que tiene amistad. Según el citado libro y desechando las otras seis acepciones (sí, amistad tiene siete acepciones, ¿sorprendente?), amistad es:

Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

  • U. t. c. s. U. ¡Las abreviaturas son nuestras amigas! Pero hay que saber entenderlas, como a cualquier amigo, claro. Usado también como sustantivo Usado. Vale. Si lo unimos todo, tenemos:

“Que tiene afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Usado también como sustantivo. Usado como tratamiento afectuoso, aunque no haya verdadera amistad”

¡Ajá! He ahí la clave. El diccionario mismo matiza el término. No son amigos todos aquellos a los que llamamos amigos. ¡Ja! ¡Lo sabía! Pero entonces, ¿quiénes son los amigos de verdad? Es decir, ¿sabemos diferenciarlos? ¿Es siempre recíproco? ¿Puro y desinteresado? (¡Ay, Dios! ¿Dónde me estoy metiendo? ¿Sabré salir de aquí? Bah, ¡de perdidos al río!).

Pues sí, gente. No es tan fácil saber quiénes son nuestros amigos… ¿o sí?

La amistad es complicada. ¿Habéis pensado alguna vez en cuántos amigos, de esos que creísteis “amigos-para-siempre-will-you-always-be-my-friend”, dejaron de serlo? Da que pensar, ¿verdad? En realidad hay millones de tipos de amigos; probablemente tantos como tipos de personas.

Y es que existen los amigos de la infancia; los del colegio; los del instituto; los de la carrera; los del trabajo o, mejor dicho, los de cada uno de los trabajos que hayas tenido; los amigos de los amigos que, aunque lo dijera Objetivo Birmania años ha, no tienen por qué ser tus amigos; ¡los de las redes sociales!, que son tus amigos porque te conocieron en algún momento hace unos 20 años y eso hace que piensen que quieres que formen parte de tu vida… Y claro, esto crea confusión. Y crisis existenciales porque ya no sabes quién es quién. Y por si fuera poco también están los nuevos amigos. Tú empiezas a quedar con gente nueva y a los dos días ¿cómo denominas a esa gente? Amigos. Y empiezas a compartir cosas, y eso hace que ya seáis ííííntimos amigos. Y después de un tiempo, sea el que sea, desaparecen de tu vida. ¿Nunca fueron amigos? No. Incorrecto. Fueron “íntimos amigos de un rato” (o al menos así me gusta pensarlo). Porque existen los amigos de un rato. Sí, sí, sí. ¿Por qué? Porque mantener a los amigos es cansado y agotador. Y hay que trabajárselo. Porque la amistad es así; muy sacrificada. Eso de tener que estar siempre ahí, para lo bueno y lo malo…

En conclusión, la amistad es algo fenomenal y, como seres sociales que dicen que somos, no podemos vivir sin tenerla pululando a nuestro alrededor. Y hay que dar gracias por los amigos que tenemos o tuvimos. Sean como sean, o a pesar de cómo sean. Porque lo que vives con ellos te hace quien eres.

Así que: Gracias, amigos. A los que fuisteis y dejasteis de ser porque nuestras vidas tomaron caminos separados, a los que fuisteis un rato, a los que no fuisteis pero lo parecía (sí, a vosotros también, que ¡estoy que lo tiro!), y sobre todo a los que fuisteis y seguís siendo. Nos veamos más o menos. Hayamos tenido más o menos altibajos.

Se os quiere 😉

Pensando…

…de qué hablar en mi primera entrada.

Es importante. No puedo poner palabras al azar. Tengo que contar algo que realmente sea importante para la humanidad; algo que nadie haya contado nunca; algo que tenga la obligación moral de compartir… No sé. Quizá hoy haga cocido para comer. Aún tengo que comprarlo todo, que en alemán sería algo así como ich muss noch einkaufen; bueno, sería algo un pelín más complicado porque los alemanes son así, complicados,  pero vendría a significar lo mismo. Y os lo digo en alemán porque cada día hay que aprender algo nuevo. A ello voy. A comprar. Aunque quizá prepare otra cosa para comer. Hay tantas posibilidades, un sinvivir. Y ahora me surge una  nueva crisis existencial por no saber qué comprar. Uf.